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Europa Press: altavoz del señalamiento de siempre de HRW a Israel
por Masha Gabriel y Marcelo Wio
12 de Mayo de 2020

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Que Human Rights Watch (HRW), la organización que contrató para el puesto de “Israel and Palestine Country Director” a Omar Shakir, vinculado, comprometido con el BDS – hasta por lo menos 2016 ideológicamente, publique un “informe” evidentemente sesgado (basta mirar el grueso de sus fuentes), ya no sorprende. Después de todo, una delegación esta organización, según señaló David Bernstein – profesor de Derecho en la George Mason University –, en 2009, en el Wall Street Journal, viajó a Arabia Saudita “para recaudar dinero de ricos saudíes, destacando la demonización de Israel llevada a cabo por HRW... Sara Leah Whitson resaltó las batallas con los ‘grupos de presión proisraelíes en los Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas”. Parce meridianamente claro su papel en el conflicto y en todo aquello relacionado con Israel.

Pero que una agencia de noticias, como la española Europa Press, renuncie a su labor (periodística – verificar, contrastar, documentar, contextualizar, ofrecer fuentes variadas; etc.) para convertirse en un mero reproductor (o traductor) y altavoz de lo que apenas equivale a “narrativa” (que sigue un guion propagandístico demasiado conocido como para no verlo).

Porque que una agencia no se pregunte por qué una organización que dice defender los derechos humanos (estos, cada vez más, tristemente convertidos en una suerte de mera carta de presentación para apabullar a críticos) no aparentemente (una rápida búsqueda arrojó resultados negativos) no muestra interés por “las leyes de la Autoridad Palestina que prohíben la venta de tierras palestinas a ‘cualquier persona u órgano judicial de ciudadanía israelí,, de acuerdo a leyes originalmente promulgadas durante la ocupación jordana de Cisjordania (1948-1967)”, de acuerdo a lo que informaba el Jerusalem Post el 1 de marzo de 2020. La pena por violar esta ley, que era de “trabajos forzados”, fue cambiada a “cadena perpetua y trabajos forzados”, indicaba este medio. Así, en 2018, la agencia Associated Press daba a conocer la sentencia “a un palestino de Jerusalén Este a cadena perpetua y trabajos forzados por vender su propiedad en la Ciudad Vieja a un grupo israelí”. El sentenciado, Issam Akel, que también tiene ciudadanía estadounidense y que residía en la parte oriental de Jerusalén, “tiene derechos de residencia israelí y puede, bajo la ley israelí, vender su propiedad a quien quiera”.
 
 
Trocitos de informe (o de sesgo sistemático)

Quizás sea mucho pedirle a HRW. Quizás sea mucho pedirle un amplio espectro de fuentes de documentación e información para acercase al tema que se proponen abordar. Pero sí es algo que se le debe exigir a una agencia de información como Europea Press, que debería haber indicado la preferencia de la mencionada organización por un tipo muy particular de fuentes (indicándolas y contraponiéndolas con otras fuentes y/o voces): aquellas fuertemente posicionadas ideológicamente respecto de Israel, que pretenden ajustar la realidad (falseando, exagerando, alterando, descontextualizando, etc.) a sus necesidades políticas. Así, una de ellas, Adalah, decía que “la mayoría de la tierra bajo control del Fondo Nacional Judío (JNF) fue transferido a este por el estado, y era originalmente propiedad de refugiados árabes o personas desplazadas interiormente”.

Pero el JNF explica en su página web que toda la tierra perteneciente a este fondo “ha sido legalmente compradas y pagadas en su totalidad”.

Evidentemente, HRW no publicaba esto. Se quedaba con la versión que encajaba en la idea general que el informe pretende sugerir: discriminación y racismo israelí (y robo de tierras árabes, claro, como parte de un plan sistemático).

Ni lo hace en ese ejemplo ni en los numerosísimos en los que daba por válidos los datos proporcionados por ONG que están muy lejos de ser neutrales y de ceñirse a sus objetivos declarados (por ejemplo, véase algunas de ellas aquí, aquí o aquí).

En conjunto, estas ONG pro-palestinas y/o antiisraelíes (incluido el historiador Joel Beinin, que es antes bien, un activista anti-israelí) pretenden imponer la visión de un estado racista a la manera de la Sudáfrica del apartheid (no en vano muchos utilizan – o banalizan – este término aplicado a Israel).
 
 
 
Un lugar común: la ciega (y conveniente) credibilidad

El informe de HRW aseguraba que “Murad Ammash, jefe del consejo de la aldea de Jisr al-Zarqa, dijo a Human Rights Watch que 90 de los dunams de esta reserva consisten en tierras de propiedad privada de los residentes de Jisr al-Zarqa”.

Y eso era todo. Lo decía y así se presentaba, sin más; convertida la aseveración en hecho, sin el engorroso trámite de verificar, de documentar. La pronunciación del enunciado es la realidad.

Algo similar – lo de tomar por cierto sin comprobación alguna; por la sencilla razón de que encaja en una visión ideológica particular - había sucedido con la aldea beduina Khan Al Ahmar, a la que se le extendía una larga existencia que pretendía perderse en el tiempo y un título de propiedad indiscutible. Mas, la realidad era otra; pero para conocerla hacía falta una labor de investigación: fotografías áreas históricas demostraban que la villa tenía unas pocas décadas.
 
 
 

Pero pasemos a algo fundamental y revelador del informe de HRW: denominar a los árabes-israelíes como “palestinos”. Es esta una falacia primordial, que pretende que todos los palestinos tienen un “derecho inalienable” dentro de Israel: es decir, que el estado judío es una suerte de “implante” en esa “legalidad previa” que, se pretende, es “Palestina” – no entendida como un mero nombre geográfico impuesto externamente, sino como una entidad política e identitaria que se continúa hacia atrás en el tiempo ignorando la historia; e identificando (o sugiriendo) a los “palestinos” como aborígenes, como verdaderos dueños de la tierra.

Y es que las exclusiones y adulteraciones históricas son indispensables para construir un relato separado de la realidad. Así, HRW llegaba a decir:

“Aunque se salvó en gran medida de la destrucción y el desplazamiento que sufrieron las ciudades cercanas de Tantura y Qisarya durante el establecimiento de Israel en 1948, Jisr al-Zarqa, sin embargo, quedó bajo dominio militar...”.

HRW borraba de un plumazo el ‘no' árabe al plan de partición y el consiguiente ataque coordinado árabe contra el recién establecido estado judío. Con ello se buscar instalar la idea de que el establecimiento de Israel fue agresivo, colonial; ergo, el problema que inicia el conflicto.

Esto deja, aún más al descubierto su verdadero objetivo: socavar la legitimidad de Israel. A eso se dedicaba Omar Shakir, después de todo. Eso es lo que hace el BDS: señalar, demonizar y aislar.

En eso anda esta organización. ¿En qué anda Europa Press? Porque cuando del conflicto árabe-israelí e Israel se refiere, en lo periodístico no anda.
 
 
 
 
 
         
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