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Yihad Islámica Palestina: grupo terrorista al que los medios en español evitan llamar terrorista
por Marcelo Wio
15 de Noviembre de 2019

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Si el grupo terrorista que atenta, que ataca, lo hace contra Israel, entonces, para los medios en español (todos a una, pero no como en Fuenteovejuna), deja de ser terrorista para pasar a ser “movimiento”, “organización”, “grupo”; y sus miembros “milicianos”, “militantes”. Cualquier eufemismo vale. Tanto, que un poco más, y lo describen como una asociación cultural palestina dedicada a los fuegos artificiales…

Pero, la Yihad Islámica Palestina (como Hamás) no se dedica ni a los fuegos artificiales, ni a la cínica “resistencia”, ni al bien de los palestinos de pie; se dedica, por el contrario, a aquello que los medios ocultan con tanto esmero: al terrorismo.

Incluso la Unión Europea, entre otros, designa (Decisión (PESC) 2019/25 del Consejo del 8 de enero de 2019) a la Yihad Islámica Palestina como organización terrorista (además de a Hamás, Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa - de Fatah, la organización liderada por Mahmoud Abbas -, el Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) y el Frente Popular de Liberación de Palestina— Comando General, entre otros).
 

Blanco y en botella…

“Blanco y en botella, leche”, dice el dicho. Pero en este caso se hace pasar el líquido y su contendor por otra cosa bien distinta.

Estoy seguro de que derrotaremos el proyecto sionista, y esta entidad [Israel] desaparecerá”. La frase es de Ziyad al-Nakhalah, líder de la Yihad Islámica Palestina, que figura en la lista de terroristas y grupos identificados bajo Orden Ejecutiva 13224 de Estados Unidos. La pronunció durante una entrevista en Teherán a finales de diciembre del pasado año, y expresa muy elocuentemente – menos, claro está, para los medios en español – el objetivo del grupo terrorista: “la creación del estado islámico palestino en Cisjordania, Gaza y todo lo que ahora es Israel”, como señalaba la agencia de noticias Associated Press(AP) el 13 de noviembre de este año. Para ello, el grupo se sirve del método del terror aplicado contra la población civil israelí.

Como decía el filósofo argentino Ernesto Garzón Valdés (El terrorismo político no institucional. Una propuesta de definición), “el terrorismo es un método de ejercicio de la violencia, toda persona o grupo de personas que lo utilice se transforma en terrorista”.

Y ampliaba:

“El acto terrorista se presenta como inevitable por ser un comportamiento orientado a infligir intencionalmente daños a personas inocentes. La imposición intencional de daños a personas inocentes es lo que llamamos delito. El terrorista es, en este sentido, un delincuente… Para el terrorista el delito es siempre un medio destinado a provocar temor no sólo en la víctima directa de su acto sino en todo el grupo social al que la víctima pertenece. Y a este temor el terrorista atribuye una función instrumental: la de influir para que sus intereses (económicos, políticos, religiosos o sociales) sean satisfechos”.

El lanzamiento indiscriminado de cohetes contra la población civil israelí pretende crear esta situación de temor generalizado, de la misma manera en que el pasado lo hacía con atentados suicidas. La Liga Anti-Difamación (ADL, por sus siglas en inglés) indicaba que entre sus atentados más mortíferos figuran el atentado suicida de octubre de 2003 en el restaurante Maxim de Haifa, en el que mataron 22 personas e hirieron a 60; el atentado suicida de junio de 2002 en el cruce de Meggido, en el que murieron 17 personas y 50 resultaron heridas”.

Garzón, además, apuntaba que “en el caso del método terrorista, los daños son intencionales y tienen una función definitoria. Se trata de la ‘comisión deliberada de atrocidades que suponen una violación masiva de los derechos humanos'”.
 

La conexión iraní

Pero, además, y de acuerdo a lo que apuntaba el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Bar Ilan, Hillel Frisch ,el 13 de noviembre de 2019, este grupo terrorista tiene otra tarea mucho más inmediata – y muy probablemente impuesta por su financiador, Irán: “Buscar una confrontación plena como parte de una estrategia iraní para desviar la atención de su acumulación militar siria y de su expansión regional”. Después de todo, y tal como informaba AP, Irán suministra a la Yihad Islámica formación, experiencia y dinero.

De hecho, Khaled Abu Toameh decía el 14 de noviembre de 2019 en el Jerusalem Post, que el líder de la Yihad Islámica Palestina, Ziyad al-Nakhalah, “se cree que… también está estrechamente asociado con Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza iraní Quds. Según algunos informes, Soleimani se encarga de proporcionar ayuda financiera y militar al PIJ y a Hamás”.

La decisión del Consejo de la Unión Europea mencionada anteriormente considera a Soleimani como “persona que interviene en actos terroristas”, y por tanto se le aplican “medidas específicas de lucha contra el terrorismo” .

En este sentido, un analista político palestino citado por Toameh llegaba a sostener que, tanto el líder del grupo terrorista Hizbulá, como el de la Yihad Islámica Palestina, nunca harán nada sin la aprobación de Irán. “Saben que su supervivencia depende del dinero y armamento iraní”, añadía.

Así es como en mayo de 2019, en un discurso pronunciado en la Franja de Gaza, con motivo del “Día de Jerusalén” (iniciado por Irán en 1979), Ziad Nakhalah declaró que Irán es el único país de apoya a los palestinos (esto es, a los grupos terroristas Hamás y Yihad Islámica), y que dicho apoyo se manifiesta en armamento y conocimiento que el régimen de Teherán ha transferido a la “resistencia”. En esa ocasión, se olvidó de mencionar la ayuda monetaria… Como sea, hay que agradecerle al jefe: porque quien paga, entrena y arma, manda.

Poco antes, al poco de asumir su cargo al frente del grupo terrorista, Nakhalah viajó a Teherán a reunirse con Jamenei, el presidente Hassan Roahní, el ministro de exteriores Mohammed Javad Zarif y el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Lo que, en definitiva, parecía una suerte de ceremonia de aprobación del nuevo líder de la Yihad Islámica Palestina.

Vamos, que negar el vínculo de este grupo terrorista palestino con Irán es como negar el vínculo entre la rotación de la tierra y la alternancia de noche y día.

Por otra parte, y a propósito de Irán, Frisch explicaba que la escasa popularidad del grupo entre los gazatíes – que recelan de sus miembros como “chiíes camuflados”, lo que resulta en su relativo aislamiento – ha terminado por ser “una bendición para Teherán: por un lado, la miserable base popular de la Yihad Islámica significa que su dependencia de Irán es aún mayor; y por otra, que la organización puede funcionar puramente como un brazo de combate sin necesidad de tener en cuenta el bienestar de la población de Gaza”. El bienestar, claro está, entendido a la manera de Hamás…: civiles rehenes de sus actividades (terroristas y corruptas). Mas, aunque no tenga una amplia base popular, como Hamás también dirige a los menores su adoctrinamiento (un ejemplo de mayo de 2016) y sus “campamentos de verano” (un ejemplo más reciente).

Así, efectivamente, la ADL comentaba que esta “organización extremista radical” “no gestiona programas de bienestar social, sino que se concentra en llevar a cabo ataques espectaculares contra civiles y fuerzas militares israelíes, utilizando a veces a mujeres y niños como terroristas suicidas.

Blanco y en botella… Y aún así, los medios no quieren verlo. En su lugar, son capaces de decir que se trata de la típica cabina telefónica inglesa.
 

 
 
 
 
         
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