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El País: entre el posicionamiento y el sensacionalismo
por Marcelo Wio
21 de Setiembre de 2021

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¿Cómo titularía una crónica que, en en la frase que abre su primer párrafo, dice así?

“Se fugaron de la cárcel por un túnel y fueron ensalzados como héroes por su pueblo, como solo sucede en las películas, pero cayeron capturados el domingo tras haber dejado demasiados rastros, como suele ocurrir en la realidad del conflicto palestino-israelí. La captura de los dos últimos presos que huyeron del penal de máxima seguridad de Gilboa (norte) el pasado día 6 ha puesto fin a una escapada…”.

Más allá de que no se entiende muy bien a cuento de qué se afirma aquello de “como suele ocurrir en la realidad del conflicto palestino-israelí” – ¿a dejar demasiados rastros? ¿O a ser apresado por dejarlos? ¿O como expresión de impotencia por parte del redactor ante cómo se desenvolvieron los hechos? -, parecería sencillo, aún sin saber a priori nada sobre los fugados:

“Apresaron a los presos fugados” sería la base evidente para formular un titular.

Muy probablemente algo por el estilo. Excepto para el diario español El País (20 de septiembre de 2021), que tenía otros planes algo más alejados del periodismo, más cercanos al sensacionalismo y la toma de partido en el conflicto árabe-israelí:

Israel destripa el final de una escapada carcelaria palestina de película”

“Israel destripa”, en este caso, tiene dos acepciones; y las dos son malas. Por un lado, la evocación de una versión moderna y estatal del inglés Jack; por otro, como un ente que “arruina” una narración, su final (feliz).

Como sea, quedaba claro dónde se posicionaba el medio. O con quién. Con los “milicianos evadidos”. “Milicianos” que era, en realidad, terroristas juzgados por sus crímenes y condenados. Pero, está visto, el medio que no quiere que la realidad interfiera – que no le “destripe” – la “narrativa” a la que adhiere y que, en la crónica que seguía a ese título, le hacía decir al redactor que “los campos de refugiados de Yenín siguen siendo un foco de resistencia armada frente a la ocupación israelí”.

El medio romantizaba con ese término el objetivo del liderazgo palestino (en el caso de Hamás, un fin genocida) y las actividades a las que amplios sectores del mismo se abocan abiertamente y que tienen una definición cabal: terrorismo. Así, en realidad, Yenín es un feudo en Cisjordania de las organizaciones terroristas palestinas – así designadas, entre otros, por la Unión Europea - Hamás y Yihad Islámica Palestina.

Así, todo adquiere la pátina de lo emotivo, del “inocente débil” frente al “poderoso opresor”, de manera que “la decepción tras las primeras detenciones no tardó en expresarse en Gaza con el lanzamiento de cohetes”. Porque, recuerde el lector, no es terrorismo, sino una respuesta anímica - y siempre, una respuesta. Nada más. Es decir, la “decepción” se manifiesta por sí misma  - hurtando al sujeto de la acción - lanzando cohetes contra la población civil israelí. Después de todo, se parece pretender evocar el golpe con el puño en la mesa de quien se siente decepcionado por su equipo de fútbol. Como si dijese: Ni esa victoria pequeña, que fue la fuga - según no se cansa de decirle al lector El País - le dejan tener; como para no sentirse frutado al punto de lanzar un par de cohetes.

Para despedirse el medio decía:

“Hamás, se ha comprometido a incluir a los seis presos capturados tras huir del penal de Gilboa en el intercambio de prisioneros que el movimiento islamista [grupo terrorista] está negociando, con mediación internacional, a cambio de la liberación de dos israelíes cautivos en la Franja y de la devolución de los restos de dos militares abatidos en 2014”.

No es un intercambio de “prisioneros” – no hay prisioneros palestinos, hay presos (juzgados, encarcelados). Que Hamás lo llame así no significa que lo sea. Es el chantaje del secuestrador que encuentra en el medio a un blanqueador lingüístico, ideológico.
 
 
En definitiva, un artículo que decía más bien poco sobre el suceso y mucho sobre el propio diario.
 
 
 
 
         
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