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As y Efe: fútbol palestino, seguridad israelí y una cascada de silenciamientos
por Marcelo Wio
26 de Setiembre de 2019

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Actualizado el 27/09/2019
 
 
 
Tras ser alertados de que la información que ofrecía el diario As no pertenecía a la agencia de noticias Efe, aunque este medio deportivo la presentase como tal, corregimos el artículo del día 26 de septiembre de 2019 titulado "Efe: fútbol palestino, seguridad israelí y una cascada de silenciamientos".
 

 
 
 
 
Así pues, el 25 de septiembre de 2019 era el diario deportivo As, y no la agencia Efe, el que  informaba – que la Copa Palestina de fútbol fue suspendida “después de que las autoridades de Israel denegaran el permiso de viaje a la mayoría de los integrantes de un equipo de Gaza para poder disputar el partido contra sus rivales en Cisjordania”. Y añadía que las autoridades israelíes “no han dado una explicación pública sobre los motivos por los que han denegado la autorización de viaje”.

Pero lo cierto es que el 23 de septiembre, el medio israelí Ynet señalaba que en un comunicado, la agencia de seguridad interna de Israel, Shin Bet, que examina las solicitudes dichos permisos, sí daba una explicación: un control de seguridad reveló información que apuntaba a que la mayoría de los miembros del equipo “tienen vínculos con el terrorismo. Esto, señalaba el medio, junto con el aumento de las amenazas a la seguridad en la Franja de Gaza, llevó al organismo a recomendar que se impidiera la entrada a los jugadores.

Pero para el medio, no había explicación… Como se verá más adelante, Efe también omitía este comunicado.

Pero volviendo al diario As, mientras silenciaba esta información, le ofrecía espacio a la retórica habitual del presidente Asociación de Fútbol palestina, Jabril Rajoub – sin indicar, entre otras cosas, que en 2018 fue suspendido por la FIFA “de todas las actividades relativas al deporte por un año, bajo cargos de incitar al odio y la violencia antes de un amistoso planeado entre Israel y Argentina” -,  ignorando que, precisamente, han habido numerosos casos en que organizaciones terroristas han reconocido públicamente a jugadores de fútbol entre sus miembros.

Por ejemplo, el caso de Omar Abu Rwayyis:

“El caso más notorio… fue el del joven de 23 años, Omar Abu Rwayyis (también escrito Rois o Ruis) …, que además de ser el portero del equipo olímpico Palestino también era empleado de la Media Luna Roja, la versión local de la Cruz Roja. Abu Rwayyis fue detenido en 2012, junto con otros 12…, por su participación en un complot de Hamas para atacar a soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Abu Rwayyis, junto con otros empleados La Media Luna Roja, ayudaron a transportar Kalashnikovs que fueron utilizadas para atacar vehículos de las FDI”.

Deporte, servicios sanitarios… y terrorismo. Todo bien juntito. Bien mezclado; confundido.

En 2014, el fútbol también sirvió a los intereses del odio, del terrorismo. De acuerdo al Jerusalem Post, Samah Fares Muhamed Marava, de 22 años, y residente en Calquelia, salió de Israel con su equipo a una gira futbolística. Durante su paso por Catar, el jugador se reunió con miembros del grupo terrorista Hamas. Durante su posterior interrogatorio – relataba el medio -, Marava dijo que antes de viajar a Catar, Muad Yusef Hasan, un alto operativo de Hamas en Calquelia, se le acercó para pedirle que se reuniera con Talal Sarim, parte de la “rama militar” de Hamas. Durante la reunión con Talal Sarim, Marava recibió dinero, un teléfono móvil y mensajes escritos que Sarim le pidió que llevara para Hamas en Cisjordania.

Una contextualización, esta, sumamente relevante para el hecho que se aborda. Claro que, en primer lugar, hay que dar a conocer los motivos tras la decisión. El producto termina por ser una cascada de silenciamientos que termina por arrastrar al lector a una “noticia” distinta que, evidentemente, tiñe negativamente a Israel.
 
Hasta aquí, la corrección.
 
Ahora bien, como se señalara más arriba, la agencia de noticias Efe también incurría en sus dos textos al respecto en la misma omisión del comunicado de los servicios de seguridad israelíes y del contexto en el que se producía la decisión. Además, su fuente de información era la habitual ONG - en este caso, la israelí Gisha.
 
El resultado era el mismo: la sugerencia de que Israel ejerce la arbitrariedad, la opresión.
 

 
 
         
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